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Langreanos en el mundo

May 15th, 2008 por Javier Cuchí

Leyendo el «CiberP@ís» esta mañana, me entero de la existencia de una asociación denominada «Langreanos en el Mundo» que pretende agrupar, cuando menos espiritual o intelectualmente, a los langreanos que andan desperdigados por el mundo.

Como la iniciativa incluye a sus descendientes y yo soy hijo de langreana y he mantenido desde siempre un vínculo con mis orígenes, la parroquia de Sama, tras catapultarme sobre su página web y navegar un poco por ella (no está nada mal, por cierto), no me lo he pensado dos veces y me he dado de alta en la asociación.

Ya he recibido un saludo de bienvenida de su presidente, don Florentino Martínez Roces, y de su tesorero, don Manuel Martínez Menéndez, (no, no me pedía pasta, no seáis mal pensados) y, en ambos casos, la cosa rebosa cordialidad y buen rollo. El presidente, por otra parte, conoce a mi familia y es amigo de uno de sus miembros, mi tío, precisamente. No es sorprendente, claro, teniendo en cuenta que hablamos de un ámbito geográfico y demográfico relativamente -sólo relativamente- pequeño y que mi familia materna vivió allí -y vive, claro- toda la vida.

He repasado la lista de socios y veo muchos apellidos conocidos, pero no logro ubicar a nadie en concreto. Desde luego, nadie de mi grupo de amigos, en cuyo caso imagino que lo hubiera identificado inmediatamente.

Si leéis esto otros langreanos y no os habíais enterado, ya sabéis dónde tenemos un buen punto de encuentro en lo sucesivo.

Con un fuerte abrazo.

De la serie Anuncios varios | No hay comentarios »

Agua, comida y hambre

May 15th, 2008 por Javier Cuchí

Lo del agua era una cosa muy seria. Coñes, que nos estábamos quedando sin agua. Hubo que buscar soluciones como fuera y ahí empezaron a torcerse las cosas porque los políticos -imaginativos ellos-, incapaces de asumir que al tema de los trasvases se le había dado carpetazo tras una revuelta contra el Plan Hidrológico Nacional del Travase a Punta de Pala, que tan buen resultado le dio (la revuelta, no el Plan) a Zap II para llegar a ser Zap I, se inventaron un trasvase que no era trasvase porque no se trasvasaba lo que se trasvasa sino todo lo contrario, elevado al cuadrado menos su raíz cuadrada.

Mientras se vestía de seda a la siniestra mona del Plan Hidrológico Privativo y Exclusivo de la Patria Catalana, y botifler el que no bote, el plan de alerta establecía saludables medidas -efectivas unas, sanamente simbólicas otras- de ahorro de agua. Entre las medidas efectivas estaban la prohibición de regar jardines y llenar piscinas con agua de boca; entre las simbólicas, el cierre de fuentes públicas, incluso de aquellas que funcionan con circuito cerrado y cuyo consumo de agua es mínimo, pero se entendió, con excelente criterio, que la mujer del César, además de no ser puta, debía llevar el refajo permanentemente puesto. En el ínterin, con toda la Ribera del Ebro en pie de guerra, los valencianos y los murcianos vomitando sapos y culebras de cuarenta megatones y los aragoneses con unos cuernos así de grandes, pero calladitos y firmes, que socialismo es disciplina, se empieza a construir el tubito para el trasvase que -recordémoslo- no es un trasvase (entre un trasvase y eso que han hecho o pretenden hacer hay la misma diferencia que entre «crisis» y «desaceleración», así que qui potest capere, capiat, que los sociatas controlan el lenguaje que ríete tú de todos los sillones mayúsculos y minúsculos de la Polvorienta en pleno) y se empiezan a fletar barquitos para traer agua. A todo esto, la chusma hostelera montando en cólera so oficial pretexto de que ante los turistas queda muy feo eso de que el agua venga en barco, pero sufriendo, más que por la seguridad del tráfico hídrico marítimo, por la nefasta imagen de las piscinas de cinco estrellas vacías y de los campos de golf con un desagradable color de ictericia.

Sic stantibus rebus, va y llueve. Y llueve, pero bien. Cincuenta litros por metro cuadrado aquí, sesenta allá, incluso ciento y pico acullá, que ponen a los pantanos al 30 por 100. Nos ha jodido San Pedro por partida doble: primero no hace llover y luego elige el momento más encabronante para mearse encima del tripartit. Porque, claro, un 30 por 100 del volumen embalsado sigue siendo una mierda de volumen embalsado, pero es lo suficiente, y hasta un poquito sobrante, como para levantar la alerta gorda y pasar a una más relajada. En el preciso momento en que venía para acá el primer barquito y cuando ya se había repartido el chollete de la instalación del tubo una joint venture encabezada por AGBAR.

Lo del agua, a partir de ese momento, deja de ser una cosa seria para convertirse en un vodevil. Los titulares de los periódicos barceloneses del martes 13 (vaya por Dios) eran para mear y no echar gota: apenas uno o dos manifestaban el normal alivio de saber que tendríamos agua hasta fin de año aunque no cayera una gota más (lo que, tan estrictamente hablando, también parece difícil); el resto, echando las campanas al vuelo, casi materialmente, porque ya se pueden regar los jardines y llenar las piscinas. El conseller Baltasar, batiendo su propio récord de despropósitos -tras haberse cubierto de gloria en materia de vivienda-, anuncia el alivio de las medidas, o sea, que, efectivamente, se podrán regar jardines y llenar piscinas.

De pronto, hay gente que empieza a sentirse como puta gratuita y financiera de cama y, acto seguido, el alcalde de Tarragona anuncia que prou, que aquí no se llena un puto barquito más para que la pijancia barcelonesa llene piscinas y ordena el cierre fulminante del grifo. La leche y la releche: con siete barquitos ya contratados y -si no me falla la memoria- cincuenta kilos (de los de ahora, de euros) comprometidos. Y Zaragoza, al borde de llamar a Agustina (catalana, pero de Reus, o sea, fiel al Ebro) con cañón y todo, que estalla en cólera. Y los valencianos y los murcianos (y diría que hasta el PP, si no fuera porque anda en otras preocupaciones), montando una zalagarda de aquí te espero, porque o regamos campos de golf todos o rompemos el swing. Y los regantes del Ebro cagándose en muchos padres y en muchas putas madres.

Así que Montilla decide que hay que sacar urgentemente la pata de la galleda (la pota del cubu, como le harán decir en «Polònia») y dar marcha atrás, de modo que las medidas se emergencia se aliviarán pero se mantendrá la prohibición de regar jardines y llenar piscinas. Oficialmente, claro. Veremos si el cumplimiento de esa prohibición se controla férreamente o la falta de medios que tanto nos aqueja por nuestro crónico déficit de financiación impedirá una atención extrema sobre hoteles y clubs de calzoncillismo pijo -con y sin palos- debiendo limitar la represión disciplinaria a propinarle un potente garrotazo a un vecino de Sant Cugat que riega inocentemente sus geranios.

Todos los logros que se habían alcanzado en materia de concienciación de la ciudadanía hacia el ahorro de agua -que, por cierto, había llegado a cotas de rsultados extraordinarios-, un despliegue ingente (y hasta inteligente, no me importa reconocerlo) de pedagogía de la sostenibilidad, que se va al garete porque un gobierno no puede ocultar su condición de calzonazos ante la codicia de los lobbyes hosteleros y, a la primera gota que cae, se les escapa corriendo el subconsciente. Porque ahora va a ahorrar agua Rita la Cantaora, sépase.

Damas, caballeros, personal de servicio y militares sin graduación: acomódense, dispónganse a degustar pipas y chufas y relájense de sus preocupaciones cotidianas. Empieza el espectáculo.

El espectáculo de verdad.

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Servidor es un poco cocinillas; me gusta meterme en los fogones y afrontar el desafío de llevar a la mesa platos que requieren un poquito de habilidad preparados de forma correcta y presentados de forma apetecible. Incluso he recibido algo de formación al respecto. Pero hasta aquí. No soy un gastrónomo. Es una afición que requiere, sin duda, un cierto amor por la gastronomía, pero tampoco puedo cultivarla lo necesario como para disfrutar de un nivel de conocimientos y de experiencia razonables siquiera como aficionado.

Tengo, no obstante, unos cuantos conceptos claros: la cocina es la artesanía de la alimentación. Gastronomía y alimentación, cocina y alimentación, son, a mi modo de ver las cosas, conceptos absolutamente inseparables. Cuando se separan, podemos estar ante cosas muy nobles que incluso pueden llegar a la categoría de arte, lo he dicho ya alguna vez anteriormente, de arte en la misma medida que la pintura o la música, pero, en esa misma medida, asimismo alejado de la gastronomía y de la cocina precisamente por ajeno a la alimentación. Y no se vea en ello una intención peyorativa, como no sería peyorativo decir que «La rendición de Breda» o «Tosca» son manifestaciones artísticas ajenas a la alimentación. Así las cosas, lo que hacen Ferran Adrià o Carme Ruscalleda, entre otros, y siempre en mi humildísima opinión, es arte porque procura un placer intelectual conceptualmente elaboradísimo a los sentidos del gusto y del olfato, pero no es cocina porque es una manifestación ajena a la alimentación.

Lo tengo así de claro -por más que, como todo en la vida, es discutible- y por ello siempre he mirado con desconfianza la cosa esta de la nouvelle cuisine, llevada a extremos importantes, hay que reconocerlo, por una notable generación de artistas españoles, como los dos citados y algunos más entre los que recuerdo, por ejemplo, a Juan Mari Arzak. ¿Que ellos se hacen llamar cocineros? Con justicia, porque de buen seguro que lo son, y de los buenísimos pero… no ejercen. Ellos no hacen cocina, hacen otra cosa.

Eso no quiere decir que yo no sea partidario de la evolución y de la innovación en materia culinaria. Por supuesto: la sociedad evoluciona, la actividad humana evoluciona y la alimentación, como es normal, sigue su propia evolución a partir de las otras y ello por nomencionar los avances de la bromatología que deben incorporarse necesariamente a la dieta diaria. Pese a mi gusto y preferencia por la cocina tradicional, tengo también muy claro que las recetas de la abuela son platos para días de fiesta y el plato de cada día debe ser algo no radicalmente distinto de lo tradicional, pero sí adecuado a las necesidades y usos del hombre de hoy. Hay un muy importante grupo de cocineros -de cocineros en ejercicio aunque, eso sí, poco mediáticos- que están en esa línea y que están ofreciendo un estilo culinario directamente enlazado y sin solución de continuidad con la cocina de siempre, pero evolucionada; una cocina menos contundente, menos proteica y mas fácil de digerir para el operador de un equipo informático, para un taxista o para un dependiente de comercio. Es evidente que uno no puede meterse entre pecho y espalda, en un día laborable, una fabada de las que hacía mi abuela, porque hoy nadie baja a la mina a quemarla (bueno, sí hay quien pero, por suerte o por desgracia, no es ya un sector sociolaboral relevante). La fabada de las que hacía mi abuela queda reservada para un día festivo que permita el riego de un tinto potente y el remate de una (1) pequeña copita de licor digestivo y con tiempo (meteorológico y cronológico) y entorno (interior y exterior) que faciliten una pequeña siesta y un largo paseo, sin que haya por delante maquinaria peligrosa, volante o ejercicio de responsabilidad.

Viene todo esto al follón que ha montado Santi Santamaría, un cocinero -parece que en ejercicio- no tan mediático como los que he citado pero con tantas estrellas Michelin como el que más (seis, igual que Ferran Adrià), que acaba de liar un sidral descomunal en la comunidad cocinera (o más o menos) al asegurar, en un libro que acaba de publicar, que lo que hacen los otros ni es cocina ni es nada, que son puros fenómenos mediáticos y que algunos de sus guisopos contienen incluso ingredientes dañinos para la salud. Toma castaña.

Si lo que quería era publicidad para su libro (aunque ya va bien servido con el premio de 60.000 euros que le han dado por él) «La cocina al desnudo», en lo que a mí respecta lo ha conseguido porque el 27 de mayo, fecha de aparición de la obra, iré puntualmente a mi librero habitual para comprarlo.

No faltaría más.

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Hay dictaduras brutales que, pese a serlo, no llevan esa brutalidad a su extremo más execrable; ahí tenemos, por ejemplo, al régimen chino, moviendo todo lo que es capaz de mover para salvar la vida de sus ciudadanos afectados por un terremoto cuyas cifras de víctimas engordan tremendamente a cada día que pasa y que no parece que vaya a rechazar la ayuda internacional que se le está ofreciendo; y si llegara a rechazarla, sería por un falso concepto de la dignidad que, de todos modos, estaría precedido de una suficiencia de recursos propios.

Y hay dictaduras brutales que, además de serlo, llevan esa brutalidad a su extremo más inhumano y abominable; ahí tenemos, por ejemplo, al régimen birmano, que, con una cifra de muertos que acabará alcanzando el medio millón y ni se sabe qué cifras en cuántas otras tipologías de victimario a causa de un ciclón, está poniendo todas las trabas posibles a la ayuda internacional, porque no quiere testigos ni intervenciones que obstaculicen sus salvajes designios y su toma fraudulenta y cafre del poder. Si tienen que cascar un millón de parias, que casquen, pero lo primero es lo primero.

Esto es un crimen contra la Humanidad. Esto es para coger a toda esa Junta de cafres con uniforme y llevarlos al Tribunal de La Haya a puntapiés en el trasero, a ver si les meten treinta o cuarenta años de vacaciones a la sombra. Para ese tipo de cabrones creo que la Unión Europea debiera alquilarle a Francia un tugurio bien infecto en la Guayana y dejar que se pudran ahí sin que el mundo vuelva a saber de ellos e incluso sin que ellos vuelvan a saber nada del mundo, convirtiendo el tren de vida de Papillon cuando anduvo por aquellos pagos, en una colonia veraniega de boy scouts, incluyendo una guillotina que funcionara una o dos veces al trimestre por aquello de encourager les autres. Bueno, lo de la guillotina no, no vamos a ser como ellos; pero un buen pozo lleno de mierda para utilizarlo como celda de castigo para el que se desmande, sí.

Incluso se ha hablado de meter ahí la ayuda humanitaria a vida fuerza. Y no lo han dicho cuatro matados: lo han propuesto oficial y seriamente Francia y Alemania. Personalmente, no me disgustaría nada ver a la Legión corriendo a gorrazos a esos hijoputas y repartiendo víveres, abrigo y otras provisiones a aquella pobre gente, entre ráfaga y ráfaga de fusil de asalto. Pero las intervenciones militares son caras y en Birmania no hay petróleo ni, según parece, nada que pueda interesar a los empresarios amiguetes del presidente americano, así que nada de intervenciones carísimas para sacar de la miseria a unos pocos millones de desgraciados cogidos por los cojones -al menos aquellos a quienes quedan cojones que puedan ser cogidos- por una sarta de cabrones bananeros.

O quizá, más probablemente, el negocio para unos cuantos cerdos en los que estoy pensando, resida precisamente en la sarta de cabrones bananeros. No habrá pues intervención armada occidental para proteger la vida de esa pobre gente.

Y paro de escribir sobre esto, que me dan arcadas por momentos…

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En el mismísimo centro geométrico -si así puede decirse- del mes de mayo, la paella, queridos todos, está servida. El próximo jueves será 22 y, en principio, no veo que nada se oponga a que este plato semanal vaya a ser servido en las debidas condiciones (y nada de nouvelle cuisine: al pan, pan, y al vino, como leones).

«El Incordio», no obstante, continúa su andadura diaria, así que aquí os quiero seguir viendo.

Hasta casi ahora mismo.

De la serie Los jueves, paella | 3 comentarios »

EXGAE: un nuevo frente

May 15th, 2008 por Javier Cuchí

Bien, pues sí, esta tarde se presentó EXGAE, que va a ser una plataforma de apoyo a artistas independientes que no quieren tener tratos con el monstruo apropiacionista y que desean ser los verdaderos dueños de su obra, como principal pero en absoluto único objetivo.

Me ha resultado muy grato comprobar que no estábamos los de siempre. Los de siempre éramos cuatro o cinco: Ana María Méndez, que está en el ajo organizativo de EXGAE, Carlosues, que no se pierde salto cuando hay barud en cualquier trinchera anti$GAE, Lluís Cabrera, de Taller de Músics, una o dos caras conocidas más, pero que no he sabido ubicar, y este menda lerenda que también forma parte del reparto habitual de este tipo de movidas. Pero el local -no muy grande, pero muy cuco- estaba lleno como un huevo.

Alguien me ha comentado que estaba lleno de culturetas.

- Bueno -he contestado- es que, en definitiva, son los destinatarios de la cosa.
- Sí, pero en cuanto empiecen a explicarles cómo las gasta la $GAE van a salir corriendo locos de pánico.

Ha habido explicación. Larga y pormenorizada. Experiencias de artistas, experiencias de comerciantes de tecnología y la visión de los abogados que van a constituir el núcleo asesor de EXGAE.

En definitiva, lo que se pretende es crear una especie de sistema de autoayuda asistida a través de la página web que, en última instancia, contará con asistencia letrada personalizada, pero montado todo de forma que los gastos sean mínimos, contando con la prestación voluntaria y desinteresada de los colaboradores de EXGAE, empezando por los propios abogados.

La acción de EXGAE va dirigida a todos aquellos que sean, o estén en peligro de ser, víctimas de cualquier entidad de gestión de derechos peseteros de autor. Empezando en primer lugar por los propios artistas, a quienes se va a enseñar a gestionar su propia obra, asistiéndoles técnicamente en la gestión; pero también encontrarán ayuda otras víctimas de la $GAE tal que comerciantes, hosteleros, o los propios consumidores y, en general, cualquier persona que sea víctima de los constantes abusos del lobby de la gestión de derechos peseteros de autor.

Después de las diversas charlas, se ha promovido un debate entre los asistentes, en el que me ha llamado la atención el hecho de que, pese a que la gente está claramente movilizada contra la $GAE y demás hierbas, realmente están aún muy verdes en cuanto al conocimiento pormenorizado de la problemática. Es verdad que la materia de derechos de autor es complicada y frecuentemente confusa, pero me ha sorprendido el casi total desconocimiento que tienen de ella muchos creadores. Más de uno ha descubierto hoy el cepo lobero que se esconde detrás de ciertos contratos y lo muy asfixiante que puede llegar a ser -y desde el principio- el abrazo del oso. De modo que EXGAE ha sido útil ya desde su primer instante de vida pública.

Presento aquí un par de fotografías del acto, pidiendo disculpas por su mala calidad: están realizadas desde un teléfono móvil (no he podido ir a casa a buscar la cámara decente) y su mala óptica y las condiciones de luz no favorecían precisamente grandes maravillas.

Por cierto, que me ha gustado mucho el local. Parece que es una especie de vivero de iniciativas culturales, pero desde un cierto compromiso político (independiente y no partidista, por supuesto) sobre cuyo conocimiento me propongo profundizar. Echadle un vistazo a la web y seguro que os llama la atención.

En definitiva, con EXGAE se abre un enésimo foco de resistencia. Humilde, modesto, desde luego, pero con buenas posibilidades de crecimiento y que, si se gestiona bien, puede llegar a ser un referente en el mundo de la cultura alternativa.

Estaremos sobre ello.

De la serie Pequeños bocaditos | 2 comentarios »

Hoy se presenta EXGAE

May 14th, 2008 por Javier Cuchí

Esta tarde estaré en la presentación de EXGAE, la plataforma jurídica nacida para defender a los autores de la rapacidad de las entidades de gestión pesetera y de zancadilleo a la libre creación. Es una de aquellas cosas en las que hay que estar, sobre todo porque, ayer, la minoría beautiful de rentistas de la $GAE acerrojaban la gestión del jefe con los gritos de ritual. Por lo tanto, hay que dar caña, señores.

Será en «Conservas», c. Sant Pau, 58, a las 19:30 horas (siete y media de la tarde), obviamente en Barcelona.


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Y, por supuesto, esta noche explicaré aquí mismo lo que haya habido.

De la serie Anuncios varios | No hay comentarios »

Los derechos del hígado

May 14th, 2008 por Javier Cuchí

Interesante combate judicial -y jurídico- el que está sosteniendo la señora Telma Ortiz y marido, novio, amante o lo que sea, hermana y cuñado, respectivamente, de la princesa de Asturias, contra nada menos que cincuenta medios de comunicación en un intento de preservar su intimidad incluso cautelarmente. He aquí un choque de libro entre los derechos sagradísimos de libre expresión y de dar y recibir información, y el no menos sagrado derecho a la intimidad.

Hagamos abstracción de dos hechos: uno, que estas cosas pasan cuando se contraen matrimonios morganáticos; precisamente por eso un tío abuelo del vigente monarca hubo de renunciar a sus derechos a la corona y precisamente por eso es ahora rey quien lo es sin que haya aplicado la norma que tanto le benefició en perjuicio de sus nietísimas en una fantástica escenificación de la ley del embudo; y el otro -que, por lo demás, me parece dirimente en el caso concreto- es que tooooooooda la familia Ortiz Rocasolano -desde luego, doña Telma- perciben una especie de remuneración a cargo del presupuesto de la Casa Real que es, cuando menos en lo que a su procedencia se refiere, el nuestro. Querida señora: si percibe usarcé una pasta por ser vos quien sois, es menester que usarcé esté también a los agobios derivados de ser vos quien sois, no sé si me explico…

Hay un tercer hecho del que habrá que hacer asimismo abstracción: los muchos pueblos que se pasan no pocos medios de comunicación en el uso de esa libertad de expresión y de información, cuando convierten ésta última en un patio de porteras que realmente no aporta nada a nadie -aparte de la satisfacción del morbo- y que, con alguna frecuencia (menos de la que se suele alegar, también es verdad) causa daños importantes a personas inocentes y generalmente indefensas ante la potencia mediática. Además, una vez causado el daño, no hay indemnización que verdaderamente lo repare.

Doña Telma alega que su vida es privada fuera de los actos oficiales en los que participa; y su abogado aporta una serie de -llamémosle- artículos que son verdaderas memeces. La prensa afectada -que, de hecho, es toda- alega que la noticia es lo que es y no lo que deseamos que sea, es decir, que no está sujeta a definición ni a mesura previa. Si una foto de doña Telma empolvándose la nariz interesa y se vende, este solo hecho la constituye en noticia. Es aquello tan americano -y tan discutible- de que el público tiene derecho a saber. Bueno, habría que decir que el público tiene derecho a saber todo aquello que es público y nada más; y precisamente eso a lo que tiene un indiscutible derecho, le interesa más bien poco: pensemos en los presupuestos públicos, por ejemplo, o recordemos cómo miles de personas, por más ejemplo, exigen que se publiquen las balanzas fiscales o todo lo contrario, sin tener ni puta idea de qué son las balanzas fiscales y menos aún si las tales balanzas fiscales son el exclusivo núcleo de la cuestión o, por el contrario, hay otras balanzas por ahí que quizá debieran -o no- ser tenidas en cuenta para compensar por otro lado o para reforzar -habría que ver el caso- el resultado arrojado por las balanzas fiscales de marras (yo he leído por ahí que también habría que considerar, pongamos por caso, cosas como las balanzas de generación de déficit por cuenta corriente, entre otras fruslerías que pagamos todos los españoles tampoco se sabe bien en qué proporción). Quizá incluso habría que plantearse que además del derecho a saber, el público debiera tener la obligación de conocer tres o cuatro cosas de las que pasa olímpicamente. Y así nos luce el pelo en las elecciones.

Y digo que es interesante el debate porque, seguramente para decepción del lector, no tengo claro cuál debiera ser su resultado (siempre eludiendo las determinantes circunstancias a las que antes he hecho referencia y eludiendo sensibilidades republicanistas gozosas de que, sea cual sea y venga de donde venga, la Casa Real reciba un garrotazo).

Por un lado -y proyectando en la gente normal y no en hermanísimos que, encima, cobran por serlo- sí que parece que el cuerpo pide que se le ponga una barrera a los medios de comunicación (pensando, sobre todo, en ciertos medios de comunicación). Pero viendo la manera en que muchos se agarran como lapas a la legislación de protección al honor y a la propia imagen en busca del amordazamiento del adversario, me entra frío en las meninges sólo pensando cómo una sentencia favorable a doña Telma podría ser usada por algunos que yo me sé y que todos tenemos in mente para silenciar críticas y evitar que se tirara de la manta que tapa sus marranaditas. O sus marranadazas.

No me gusta, por otra parte, el férreo corporativismo de las empresas mediáticas que han cerrado filas en este tema como si estuveran sufriendo la gran agresión a sus derechos civiles, sabiendo que podían haber evitado estas cosas autoimponiéndose una sólida ética sobre el respeto a la intimidad de quien verdaderamente la merece. El caso de Telma Ortiz no tiene, por otra parte, nada que ver con el silencio impuesto por la juez a los medios de comunicación sobre un extraño homicidio que está estudiando un juzgado barcelonés, que ha sido asimismo utilizado para unir ambas cosas en un solo problema (y no, no es así).

Finalmente, la cultura de cerrar la boca que dice lo que no nos gusta -que tan frecuentemente se intenta en la red- puede llegar a ser desastrosa. Volvemos a lo de antes: no soporto la prensa llamada del corazón en ninguna de sus manifestaciones (papel, radio, televisión, red…), pero el mismo mecanismo que puede utilizarse para limitarla, puede utilizarse en otros ámbitos con propósitos mucho menos bienintencionados. El derecho es, con demasiada frecuencia, como una piedra que se tira contra una lata y acaba descalabrando a un señor que pasaba por allí y no necesariamente muy cerca, lo cual lleva a exigir que las piedras permanezcan en el suelo tranquilamente y que su uso como proyectil sea excepcional y meditadísimo, porque una vez arrojado nunca se sabe a dónde acaba yendo a parar. Debemos aprender, más bien a debatir y, sobre todo, los amigos de las alcaldadas deben saber que sus propósitos desencadenarán un seguro pataleo contra el que no deben poder hacer nada. Estaría bueno.

Por eso -y en contradicción con mis dudas de hace unos pocos párrafos, España y yo somos así, señora- casi me inclino por esperar, por desear, que los jueces le digan a doña Telma que su derecho, siendo importantísimo, no puede pasar por encima de los derechos con los que entra en conflicto y no sólo por proteger a éstos sino por resguardar otros no menos importantes que podrían verse en peligro si se hicieran prevalecer los suyos.

Y ya, sin hacer las abstracciones que he hecho antes, espero y deseo que sus señorías la manden -literalmente, a ser posible- a freir espárragos.

Nos ha jodido la realeza sobrevenida.

De la serie Correo ordinario | 2 comentarios »

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